Hace poco leí, en uno de esos momentos de relajada investigación (traducción: leyendo blogs al tuntún) una frase de un diseñador: “el problema es que los que tienen que decidir sobre el diseño de un producto no tienen ni idea del tema”. Realmente es una queja muy frecuente entre el gremio. Por ejemplo, esto mismo lo dijo alguien que sufre a diario las decisiones de un departamento de producto. Donde decisiones tiende a incoherencias los días pares e indecisiones los pares.
Hace unos meses sufrí, indirectamente, a ese mismo departamento de producto en cierto ministerio de cuyo nombre prefiero no acordarme. Pongamos, para simplificar, que se llama Mordor: un edificio poblado por tribus de orcoficinistas cordialmente enfrentados (del buenrollismo de funcionario hablaremos otro día).
