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  • Emprender “a pachas”

    “Estoy investigando modelos asociativos para lanzar productos “a pachas” entre varios. O algo así.”

    No fue un twit al albur, sino algo a lo que llevo tiempo dando vueltas. Y que creo que puede interesar a más gente.

    Imaginemos que, junto con un diseñador y otro programador, hago un proyecto con visos de ser colocado en alguna Store. Los tres somos autónomos. Se hace un contrato privado, el equivalente a un acuerdo de accionistas de una startup, para dejar las cosas claras.

    Pero luego llega el momento de subir eso a la Store. Sólo lo puede subir uno de los tres. Que es quien recibirá los ingresos. Y luego debe liquidar con los otros dos, incluyendo retenciones, ivas y venías. Al final no salen las cuentas entre papeleos y tonterías.

    He conocido a empresarios que tienen los recursos para montar un proyecto con otros a base de invertir lo necesario para constituir la sociedad y repartir gastos y beneficios (si los hay). Pero en el mundo real, el de los mindundis 2.0, esto no es así de simple. No hay recursos. Y sí demasiada burocracia.

    No es plan crear una empresa invirtiendo un capital social para un proyecto que puede o no dar dinero. Somos autónomos, no gente con dinero.

    ¿Qué opciones podrían tener los presuntos emprendedores para hacer este tipo de proyectos sin meterse en papeleos y gastos innecesarios? En el país de la Marca Apaña más bien pocas.

  • La trampa del diseño “responsive”

    Como siempre, esto empieza porque alguien cercano a la par que incauto me enseña un proyecto. En este caso una landing page montada rápidamente con un template para un trabajo de fin de carrera. Un template con todos los extras “requeridos”. Incluyendo la adaptación del diseño al ancho del dispositivo. Lo que se llama “responsive design”. Es decir, que el diseño responde al contexto en que se muestra y se adapta al mismo.

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  • Este no es el producto que están buscando

    Un desarrollador y, sin embargo, amigo, me tiene entretenido de vez en cuando revisando un proyecto. Las revisiones suelen consistir en sesiones con café en las que este joven, la gerente y algún espontáneo hablan de cualquier cosa mientras yo le digo que no a todo. Product Managing at its best.

    En la última sesión el proyecto, que originalmente hacía una cosa, había crecido para hacer tres o cuatro más o menos relacionadas. El joven ha adquirido el típico retrovirus MS3WTF1 conocido popularmente como “Bloatware”. Este virus es más común de lo que parece y encuentra su caldo de cultivo en la mente de

    1. Programadores que están aprendiendo,
    2. vendedores tras tomar unas copas con un cliente y
    3. empresas que organizan grupos de estudio.

    Sin embargo no todo está perdido. Especialmente el tiempo invertido en añadir features (poyaques en español). Veamos, pues, como afrontar el problema en cuestión: un proyecto que engorda más allá de lo necesario.Hablamos de un proyecto para iOS.

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  • Loader… si hace falta

    Y va el joven @jmoreno78, se pone y dice: “Maestro, es recomendable indicar que se está cargando una combo vía ajax mediante un engranaje girando o algo así?”

    Si lo haces rapidito no. Pero si pasas de 2-3sg es conveniente. Una forma de hacerlo es creando un objeto con sólo dos métodos, start() y stop(). Llamas al start antes de tu ajax y al stop() cuando tienes el resultado. El truco está en que, internamente, sólo se muestra el loader si han pasado dos segundos.

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  • Solo en España

    Conversación mantenida hace 10 minutos con alguien que acaba de reunirse con un cliente. El proyecto, a grandes rasgos, consiste en que desde el cliente, y una vez detalladas las necesidades de un proyecto (tantos folletos, tantos filostros, tantos poyaques), se soliciten presupuestos a una serie de proveedores.

    Estos proveedores, a través de Internet, acceden al detalle del proyecto y rellenan los precios para cada uno de los elementos del mismo: 2.000 poyaques a 15 lerus/unidad, 1.500 filostros a 200 lerus/cuartoymitá, etc.

    El gerente del cliente ha decidido que no. Que eso es complicarle la vida a los proveedores y que mejor seguir con el tradicional sistema de coger el teléfono y llamar a los susodichos. Como única mejora, admite que se puedan mandar emails pidiendo los presupuestos.

    Este es el tipo de “mejoras” que sólo se toman en España.