No es agencia para viejunos

Hace unas semanas me di de alta en una empresa de alquiler de coches joven, moderna y dinámica. La idea es estupenda. Sobre el papel. Como siempre, es la implementación la que importa. Concretamente, la implementación del proceso de reserva. Para empezar reconozco que no soy el público objetivo de este servicio: no tengo coche y no se ni quiero saber de coches.

La primera experiencia, añadir mi número de tarjeta de crédito ya fue sospechosa: encontrarte en mitad del proceso con páginas en aleman no es algo que inspire confianza. Que te hagan un cargo sin avisar previamente tampoco. O tal vez sí avisan, pero es que el alemán no es lo mío.

El problema serio llegó a la hora de hacer la primera reserva. Entro en la página y selecciono el modelo de Reserva Básica. Es una empresa moderna, hay tres formas de hacer una reserva. Cada proceso completamente distinto del otro y con sus propios WTF. Lo que podría entenderse como testing A/B¿/C?, pero mal hecho. Me pregunto, de hecho, si realmente analizan los resultados de esta especie de test.

Así que estoy en una pantalla básica, para un usuario básico. Pero este usuario básico no tiene memoria, así que no queda otra que abrir otra ventana para ver la correspondencia entre los chupinombres que la empresa asigna a sus categorías y los modelos reales. Y la información es parca: foto de catálogo y modelo de coche. Cuando me dicen que el modelo es un Kya Ceed me quedo exactamente igual que al principio. En las páginas de alquiler “viejunas” dan información sobre los vehículos que alquilan. Así, cuando necesito ir a un centro comercial o irme con tres amigotes a montar una exposición se si la capacidad del maletero será suficiente.

Entre la mala experiencia de sufrir una página mal diseñada –si no permites que la reserva sea de menos de 60 minutos no dejes que el usuario elija ese intervalo de tiempo, procura que la información relevante esté siempre visible, no la escondas en tooltips y si usas un diseño responsive comprueba que realmente funciona en todos los anchos– y que no me apetecía ponerme a buscar catálogos de coches por internet, opté por usar una agencia de alquiler tradicional. El coste en dinero es superior pero todo el proceso fue rápido e indoloro así que, sumándolo todo, no hay tanta diferencia de coste.

Seguro que alguna de las “pegas” se solucionarían en reservas posteriores, una vez conoces los modelos de coches. Pero lo de tener que hacer experimentos porque una empresa, joven y dinámica, no quiere o no sabe proporcionar al cliente toda la información que pueda necesitar en el momento en que la necesita me cuesta tiempo y dinero. Lo mismo que tener que sortear las idiosincracias de la web de reservas. Ahora estoy en la fase de encontrar la forma de darme de baja de la moderna empresa de alquiler. Pensada para gente joven y que sabe de coches. No soy el público objetivo: yo sólo quiero alquilar un coche, muy de tarde en tarde, sin pegarme con el proceso.